• Dekmantel Festival, por y para la música

    Dekmantel Festival, por y para la música
    Fotografías: Yannick van de Wijngaert, Bart Heemskerk, Niels Cornelis Meijer

    Crónica al detalle de lo sucedido en Dekmantel Festival 2017, cuya quinta edición no quisimos perdernos por nada del mundo

    Con tan solo cinco ediciones a sus espaldas, Dekmantel Festival se ha convertido en la cita del año para miles de amantes de la música electrónica más fina de todo el globo. No lo dice un servidor, lo dicen todos y cada uno de sus asistentes, lo dicen los propios artistas, que durante cada edición a la que asisten quedan más enganchados a un evento que se ha creado por y para la música.

    Un lugar donde dejarte llevar por la música y el buen ambiente; lleno de verde, con un sonido y un cartel difícilmente superables, donde todos y cada uno de los artistas intentan dar lo mejor de sí, siendo para ellos también la cita del año –como comentamos más arriba- aprovechando muchos para quedarse a disfrutar del festival antes o después de sus actuaciones.

    Podrían repetir durante cuatro años seguidos el mismo cartel que en cada uno de esos cuatro años te puedes pegar una ruta totalmente diferente y quedarte igual de a gusto o más que con los otros. Un lugar donde descubrir artistas, donde descubrir música y donde disfrutar sin parar. Un lugar mágico.

    Como ya os comentábamos el año pasado, el emplazamiento –una pequeña parte de Amsterdamse Bos- es uno de los pilares básicos del festival, que apuesta por escenarios sencillos pero en un entorno inigualable. Si nos ponemos a comparar con la edición anterior, todos los escenarios han sido idénticos, sin ningún cambio, salvo en el pequeño escenario de Red Light Radio, en forma de iglesia de un llamativo color rojo y UFO, donde se cambió ligeramente el interior y la entrada, por el lateral, para darle más juego aún a la oscuridad del mismo y a sus luces, también cambiadas. El resto, como os decimos, todo idéntico. Y es que si algo va bien –y decir bien es poco- para qué cambiarlo.

    Además, se volvió a repetir la jornada de conciertos inaugurales por el centro de la ciudad, en diferentes emplazamientos de la bahía del río IJ, esta vez con doble tanda, comenzando el miércoles en el famoso Muziekgebouw aan ‘t IJ con un concierto inaugural de Steve Reich, sumando así una nueva jornada al festival, con cinco días de duración en este 2017. Nuestra primera jornada sería la del jueves, segunda de conciertos, esta vez mucho más cargada que la anterior y con un nuevo espacio: Shelter, que se uniría a Muziekgebouw, Bimhuis, Tolhuistuin y EYE. Distribución muy similar a la del año pasado con la incorporación de Shelter, nuevo club de la capital, pegado a Tolhuistuin, y que cataríamos bien durante el resto de la tarde.

    Jueves, 3 de agosto

    Jornada de conciertos con luces y sombras artísticamente hablando, si bien es normal entre tanta variedad. En nuestra ruta estaba en primer lugar el show audiovisual de Forest Swords, donde Matthew y compañero realizaron un directo progresivo, interesante y de lo más jugoso musicalmente hablando, centrado en sus álbums ‘Engravings’ y ‘Compassion’, cuyos mejores tracks se iban intercalando en un viaje cercano a la hora de duración. Perfecto para comenzar.

    Las ganas de conocer Shelter, de algo más de chicha y la cercanía de éste con Tolhuistuin nos hizo decidirnos por Lorenzo Senni en el siguiente slot, que coincidía con GAS –alias de Wolfgang Voigt- y aquí vino la primera patinada de la tarde. Primera vez que veía al italiano en directo y menudo patinazo. Un directo que de directo tuvo poco con una intro cercana a los quince minutos en un show de una hora de duración que por poco hace que nos marchemos, para después poner del tirón y sin transición alguna varios de sus temas de su último trabajo por Warp, ‘Persona’, mientras ejecutaba sus característicos bailes detrás de su MacBook. Primera sombra por aquí, que nos hizo tomarnos un descanso y volver a estudiar los horarios. Con Colin Benders y Fatima Yamaha decidimos tirar del primero, y en este caso el acierto fue de dimensiones bíblicas. El holandés fue, con permiso de Floating Points, el triunfador de la jornada. Con un arsenal de modulares que giró de cara al público –dándonos la espalda el artista como si de una Boiler Room se tratase- ofreció un directo desgarrador que apenas nos dio tiempo de asimilar. En tan solo cinco minutos ya todos los que nos habíamos adentrado en el búnker que es Shelter éramos sus más leales súbditos. Un discurso melódico, technoide, ácido, trancero, housero, progresivo y todas las demás a la vez. Irrepetible. Aquello era una auténtica rave e íbamos por el segundo concierto de la tarde. Brutal ovación a Colin Benders a su fin. Habrá que tomarse muy en serio este nombre.

    El siguiente en la lista era Actress, última incorporación al cartel de los conciertos sustituyendo a los veteranos Tuxedomoon, que tuvieron que causar baja por el fallecimiento de uno de sus integrantes. Había muchas ganas de catar el directo del británico, y más tras su reciente ‘AZD’, pero tras el brutal concierto de Colin Benders nos supo a bien poco. Aquejado por problemas técnicos –o no, porque la cosa no estaba clara- nos durmió poco a poco del mismo modo que antes lo hiciera Lorenzo Senni, acurrucado detrás de su MacBook, que digamos que lo hizo todo por él. Es lo que tiene tener el listón demasiado alto, que te llevas una decepción del carajo. Segunda de las sombras del día, pero vamos, que la felicidad que llevábamos tras el directo de Colin Benders no nos la quitaría nadie. Nuevamente tocaba volver a realizar una difícil decisión, que era la de cruzarnos el ferry hacia Muziekgebouw para ver al mítico Marcos Valle o bajar de nuevo las escaleras de Shelter. Y nuevamente bajamos al búnker, por cercanía y por habernos perdido meses atrás su directo en Madrid, Nathan Fake nos hizo quedarnos en la zona. Había ganas de ‘Providence’ y nos lo comimos de lleno. Shelter es un jodido garitazo y la verdad que para ser la primera vez que lo pisábamos, fetén.

    Tocaba moverse para ver a una de las estrellas del festival, Floating Points, que actuaría en un solo en el enorme Muziekgebouw aan ‘t IJ media hora pasada la medianoche, como el último concierto en comenzar. Último y más multitudinario, había muchas ganas de verlo y eso se notaba. Por si acaso cogimos el ferry corriendo no vaya ser que un sold-out nos dejara fuera, y poco nos faltó, porque diez minutos antes de su comienzo aquello ya estaba a rebosar. Atrevido como nunca, Sam sacó a pasear todos sus juguetes para darnos una auténtica lección musicalmente hablando. Era obvio que no iban a faltar temas como ‘Nuits Sonores’, pero vendrían con una vuelta de rosca demás –para bien-. Nos encontramos a un Floating Points más agresivo que nunca, sacando ritmos duros y rotos de donde no te los esperabas y haciendo de las transiciones un paraíso en el que perderte. Junto con Colin Benders, el triunfador de la jornada.

    Así que si piensas acudir a Dekmantel, márcate la jornada del jueves like a boss porque merece, y mucho, la pena.

    Viernes, 4 de agosto

    Dekmantel es uno de esos festivales en los que no te puedes perder absolutamente nada. Y si digo nada, es nada, ni el primer ni el último set. Vamos, que ya puedes liarte la noche anterior hasta el infinito que al día siguiente te toca madrugar para estar a primerísima hora dentro. Para que te pongas en el caso, los primeros sets del viernes fueron los de Peggy Gou, Dr. Rubinstein, Nina Kraviz y Central. Todas las propuestas igual de apetecibles, pero decidimos catarnos a la surcoreana, encargada de abrir el mainstage con bastante personal bailando en el interior en comparación con el año pasado mientras otros muchos apuraban los últimos pedaleos para llegar y otros tantos se amontonaban en la entrada donde el primer día hubo ligeras aglomeraciones durante las primeras horas ya que todo el mundo tenía que canjear su entrada por la pulsera del festival.

    Peggy Gou ha sido una de las DJs que más lo han partido en el panorama internacional durante el último año y esto puede ser una de las razones por las que muchos dieran sus primeros pasos de baile en el mainstage, nosotros incluidos. Su discurso fue variado, intentando adaptarse a la hora, pegando algún que otro latigazo para animar al público pero sin pasarse. Muy correcta en las mezclas y con gesto de pasárselo pipa en todo momento hizo las delicias de los más madrugadores. Tras un breve paso por UFO, donde estaría tocando Aleksi Perälä, decidimos movernos hacia Selectors, donde entraría el 80% del público a primera hora. La razón era el set de tres horas y media de duración de Nina Kraviz, quizás la artista de la que más se ha hablado durante y después del festival –y no precisamente bien-. La enorme cantidad de gente concentrada alrededor del famoso sauce del Selectors y los continuos fallos técnicos de la rusa hicieron que tardaramos bien poco en movernos a nuestro siguiente objetivo: Byron The Aquarius, uno de los triunfadores del festival.

    Llegaba el momento de pisar el querido invernadero. Greenhouse es, junto a Selectors, punto clave del festival. No sé qué tiene pero la verdad que cuesta salir de ahí –ya lo sufrí el año pasado y este no iba a ser menos-. Enfundado en una camiseta de Moog se encontraba ya en cabina el norteamericano Byron The Aquarius, que estaba ofreciendo una auténtica masterclass entre selección y mezclas. House, mucho house de la vieja escuela que fue de menos a más con continuos toques ácidos como ‘Kingdom’ de Steven Julien, entre juguetonas y atrevidas transiciones que dejaban loco al personal mientras hacía un perfecto uso de los efectos, cosa difícil de ver a día de hoy. Tanto que más tarde decidiríamos volver a verle en su actuación dentro del escenario Boiler Room. Sin duda, dentro del top 5 de Dekmantel 2017 el amigo Byron. Y entre actuación y actuación de Byron The Aquarius tocaba visitar en el mainstage a otro genio de la escena norteamericana como es Omar-S.

    El de Detroit tendría dos horas por delante para hacer bailar a un mainstage ya a rebosar. Técnicamente uno de los mejores DJs que he visto en directo, en esta ocasión no iba a ser menos, si bien al final de la sesión hubiera algún que otro chasquido. Tan serio como siempre se marcó otra sesión para enmarcar, en la que de lo poco que pudimos fichar fueron alguno de sus hitazos como ‘Thank U 4 Letting Me Be Myself’ o ‘Time Mo 1’, que un rato más tarde también se dejaría caer Byron en la Boiler Room en otra hora de diversión, tras la cual volveríamos a mover campamento a Greenhouse, donde Juju & Jordash estarían en el ecuador de su directo, rodeados de maquinaria que no paraba de soltar sonidos bien crudos y que calentaría aquello para una de las actuaciones más exclusivas del viernes, la de Jeff Mills y Tony Allen, cuyas Roland y batería, respectivamente, ya estarían más que preparadas.

    Y en ese punto es cuando tocaba tomar una de las decisiones más duras del viernes: Jeff Mills & Tony Allen o Bicep. La elección fue difícil pero la llevaba ya bastante preparada: tocaba moverse a la main a ver a uno de los dúos que más están agitando la escena house en la actualidad, además de ser una de mis debilidades. Y la verdad que por tener el listón tan alto quizás su directo no terminó de encandilarme. O eso o que todavía les falta algo de rodaje. Eso sí, temas que ya han dejado huella como ‘Just’ no faltaron, y que obviamente fueron recibidos de la mejor manera posible, pero la progresión del directo y las transiciones no terminaron de convencerme. Quizás a esas horas de la tarde y con lo animados que estábamos ya hubiera colado mejor un DJ set del dúo, donde sí que nunca fallan. Pero bueno, no deja de ser una opinión personal ni cambia mi visión sobre Andy y Matt.

    El cierre de la primera jornada nos lo marcaríamos con Joe Claussell, una de las figuras más importantes de la escena house neoyorquina, y os podéis imaginar la que se lió. Obviamente la cita fue en el Greenhouse con la noche ya echada encima, y como ya hiciera su compatriota Byron anteriormente, dejó aquello patas arriba. Un DJ de vieja escuela, que con un enorme pañuelo blanco en la cabeza no pararía hasta quemar la mesa, sin soltar faders y knobs, jugando con ellos hasta la infinidad, tirando mezclas largas, jugando con loops y bailando como el que más mientras los discos no paraban de girar, uno tras otro, hasta que llegó la hora de irse, ni un minuto pasadas las 23:00. Felicidad y con ganas de seguir liándola, aunque ya tendría que ser fuera de Amsterdamse Bos.

    Sábado, 5 de agosto

    El sábado el objetivo era el mismo: comenzar a calentar en el mainstage donde estaría abriendo Jayda G, una de las promesas de la escena canadiense, que también se estrenaba en el festival. Que el sábado abrieran una hora antes, a las 12:00, y que la noche anterior nos liáramos evitó nuestra presencia a primera hora. Y es que si te metes entre pecho y espalda las diez horas de festival y luego te lías por la noche, al día siguiente es difícil pegarte el madrugón –por decirlo así- para aprovechar desde el primer slot. El festival en sí ya es mucha tralla si le sumas las tres jornadas en Amsterdamse Bos y una de conciertos, pero siempre te quedan ganas de más. Ahí ya decide cada cual, lo que está claro es que en Dekmantel ninguna hora es despreciable.

    Asumida nuestra tardanza nos presentamos rápidamente en Greenhouse donde estaría comenzando su directo Awanto 3, al que le costó un poco arrancar pero que fue de menos a más rápidamente, ofreciendo una segunda mitad de live muy, muy seria. Mucho material de su reciente álbum, ‘Gargamel’, que era lo que esperábamos escuchar, pero reconstruido y adaptado al directo. Tras él venía otro artista al que teníamos infinitud de ganas de ver, el inglés Illum Sphere, que se plantó en la misma Greenhouse tras la ovación a Awanto 3 y que al principio de su set acusó ciertos problemas técnicos con la mesa de mezclas a la hora de la preescucha de los platos. Obviamente no tardaron en cambiársela y el set pudo seguir su camino sin mayores problemas. Discurso entre el disco y el house intercalando CDs y vinilos que comenzó a recibir a bastante personal en el invernadero. Pero a nosotros nos tocaba marchar para una de las pocas escapadas que haríamos a UFO, y es que como ya recomendamos en nuestra previa, la Unforeseen Alliance era visita obligatoria. Un directo perfectamente medido desde las alturas, donde Antigone, Zadig, Birth Of Frequency y Voiski se colocaron de izquierda a derecha y que se iban cediendo el turno, aportando cada uno su granito de arena, para ofrecer uno de los mejores lives que hemos presenciado en el festival. Techno en todas sus variantes, sin ser demasiado trallero para la hora en la que nos encontrábamos –apenas las 16:00-, pero arrasando con cada beat, melodías profundas y toques ácidos, poniendo cada uno de estos cuatro su toque personal y característico. Una de esas actuaciones que solo se ven en festivales como Dekmantel.

    Eso sí, uno de los puntos negativos de UFO es que al ser cerrado y habilitar solo una entrada ya te podías considerar un héroe aguantando una hora dentro por el calor. Uno de los siguientes objetivos estaba también en UFO, donde dos grandes como Peter Van Hoesen y el maestro Donato Dozzy iban a ofrecer cuatro horas de musicón, pero con el bailoteo anterior sudamos la gota gorda y ya comenzaba a faltar el aire, así que tocaba respirar. En dirección hacia Selectors para presenciar la última media hora de Inga Mauer decidimos parar a medio camino, en el Mainstage, donde transcurrida esa media hora comenzaría el directo de Tom Trago. Entre medias vimos el cierre de Red Axes, quizás de lo que menos esperaba ver uno en Dekmantel, pero como era de esperar, la estaban liando pues este no es un festival cualquiera y todos los artistas lo tienen claro, clarinete.

    Con Tom Trago pasó algo parecido a lo que habíamos vivido al comienzo de la jornada con Awanto 3 o el día anterior con Bicep. Prácticamente todos los directos programados tenían una hora de duración y he tenido la sensación de que unos cuantos de los que he presenciado no se han exprimido al máximo. Una primera mitad sin rumbo para luego ir encajando las piezas y remontar en la segunda mitad. Tras el de Ámsterdam le tocaba el turno a Floating Points, tras su triunfal paso por la segunda jornada de conciertos del jueves que te contamos más arriba. Esta vez en formato DJ set, presentaría muchas de las rarezas de su maleta, con un discurso bastante bailable con el disco como línea principal. A mitad del set de éste decidimos marchar hacia Greenhouse donde Joy Orbison y Jon K apenas habían comenzado un intenso mano a mano que también es merecedor de un puesto entre lo mejorcito de este Dekmantel.

    Una brutal conexión entre ambos llevó al invernadero a echar humo, literalmente, entre ritmos rotos, house, techno, acid e infinitud de géneros más que fueron mezclados a la perfección. Ni el tremendo aguacero que cayó a mitad de la sesión de estos durante aproximadamente veinte minutos nos hizo movernos de allí. No se esperaba el agua con el día ya entonado hacia el tramo final de la segunda jornada, pero pese al jolgorio inicial tras ver la tremenda tromba que cayó todo volvió rápidamente a la normalidad mientras en las diferentes barras del festival se repartían ponchos de plástico para la gente. Vamos, que no tardamos en enfundárnoslo y volver dentro del invernadero a darlo todo. Joy y Jon, otros de los merecedores del top 5 personal de un servidor, sin duda.

    En cuanto al cierre, decidimos no pensárnoslo mucho, porque entre Arca & Jesse Kanda, Ben UFO, Nobu y Vladimir Ivkovic la cosa iba a estar bien jodida. Acabamos en el main con Ben UFO y otra de sus lecciones magistrales a los platos. Otra ración de breaks, electro, techno, house, acid y todo lo que se te pueda pasar por la cabeza, entre tremendas transiciones, a la que quedamos rendidos no solo nosotros sino artistas como Midland, Hunee o Floating Points que lo estaban presenciando. Y como nosotros, también lo fliparon otros tantos con los anteriormente mencionados cierres de los otros escenarios, así que todos contentos y a pensar en la última jornada, bien desde la cama, bien camino a las diferentes propuestas nocturnas de Ámsterdam.

    Domingo, 6 de agosto

    Última cita en Amsterdamse Bos tras otras dos intensas jornadas en las que nos lo hemos pasado teta, por lo que toca caminar hacia el festival ya con cierto sentimiento de tristeza, pero por el lado contrario, con ganas de aprovechar desde el primer hasta el último momento. Y así es como nos plantamos en Selectors a primerísima hora, donde plantaríamos campamento para un buen rato. El anfitrión sería Danilo Plessow, más conocido como Motor City Drum Ensemble, uno de los grandes reclamos de cada Dekmantel Festival, que abriría la última jornada con tres horas y media de set. Y nos lo comimos enterito, como no puede ser de otro modo. Un discurso diferente, divertido y variado, técnicamente impoluto donde sonó de todo y más. Una montaña rusa de sensaciones, sin pasar ningún momento por el polo negativo, bajando de ritmo para partirlo aún más con el siguiente tema, con momentos donde podías volar, otros donde podías cantar como un descosido –como con ‘Corazon’ de The LTG Exchange (1974)- y momentos de zapatilla, porque tampoco faltó zapatilla. Y nunca mejor dicho, porque por momentos había buena parte del público con una zapatilla en mano animando el cotarro mientras sonaban tracks como ‘Acid Train’ de Cratebug.

    Y, de repente, petada máxima como la que presenciamos el viernes con el opening de Nina Kraviz, aunque en esta ocasión sí que hicimos el esfuerzo de quedarnos hasta el final, porque aún estábamos en nuestra salsa. Una vez finalizado el set de Danilo movimos campamento hacia el mainstage, donde nos estaría esperando Palms Trax, otro de los triunfadores de la pasada edición y que este año también se coló entre los favoritos del público. Entre Palms Trax y MCDE podríamos encontrar dos de los puestos restantes de ese top 5 mencionado anteriormente, sin duda.

    Con la última jornada, las ganas de todo el mundo de darlo todo y gente que se incorporaría solo para esa jornada es donde quizás más se notó que andábamos bastante más apretados que en la anterior edición, por ejemplo. O había bastante más gente o coincidimos en gustos con buena parte del público, que también puede ser. Lo que está claro es que el festival ha crecido como la espuma y cada vez va a más. Dicho esto, en el mainstage es donde menos vas a acusar agobios puesto que escenario más grande que ese, jodido. Ya puede estar bien lleno que siempre encuentras un hueco donde ver al DJ y gozar de buen sonido, y así es como nos las volvimos a gozar con Palms Trax. El año pasado actuaría también el domingo prácticamente en el mismo slot horario y fue uno de los triunfadores, así que lo tenía bien fácil para volver a hacerlo: utilizar la misma fórmula, bien de clásicos del house, disco y temas de corte propio, y así fue. Sublime una vez más, no se sorprendan si el año que viene lo ven cerrando o abriendo el festival.

    Y, como no puede ser de otro modo, llegaba nuestra primera visita del día a Greenhouse, donde teníamos previsto ver a Marie Davidson y Lena Willikens pero MCDE y Palms Trax no nos dejaron –qué le vamos a hacer-. Con Ultradyne entramos en calor para lo que se vendría después, y es que la dosis de electro en Greenhouse nunca falla. Si ya el año pasado salimos flipando con directos como el de AUX 88, esta vez no iba a ser menos. Con gesto bien serio, enmascarados y sin apenas moverse –debe de ser algo obligatorio allá por Detroit- partieron al personal en dos durante la última media hora que pudimos verles, con Marie Davidson y Helena Hauff flipando detrás, mientras ésta última preparaba su maleta de vinilos para actuar justo después. Con Helena viviríamos uno de los sets más agitados del festival. Si Ultradyne la liaron, lo de Torbellino Hauff fue de otra dimensión. Si no se puso a 150 BPMs, poco le faltó, intercalando techno de altos vuelos y electro de la casa, se marcó un set para enmarcar. Dos platos, una maleta llena de bombas, una mesa y un paquete de tabaco de liar son suficientes para esta señorita para tirar todo abajo. Si ya era fan suyo por otras actuaciones como el famoso b2b de Sónar con Ben UFO, después de esto aún más, si cabe.

    Nuevamente tocaba salir corriendo para no perderse ni un segundo de la actuación de Larry Heard, que vino acompañado de Mr. White, y gracias al dios dekmanteliano que así fue, porque menuda maravilla lo de Chad. No había tenido la oportunidad de ver en directo a Larry Heard, así que no me lo iba a perder por nada del mundo, pero para qué engañarnos, el auténtico protagonista fue Mr. White, sin quitar ningún mérito a Mr. Fingers, obviamente. Si más arriba hablábamos de que hubo directos como el de Bicep o el de Tom Trago a los que les falta algo de rodaje, lo de estos fue un viaje perfectamente encaminado que nos trasladó al planeta de la felicidad. Lagrimita recordando momento ‘The Sun Can’t Compare’ y del tirón ‘Can You Feel It’ con un Mr. White apoteósico, animando en todo momento y con un vozarrón que dejaba anonadado, al igual que el del viejo Larry. Gracias, Dekmantel. Gracias, Mr. Fingers. Gracias, Mr. White.

    Auténtica lección, y quedaba todavía el cierre por parte de Antal y Hunee. Otra jodida decisión si te ponías a mirar el cartel, pues los British Murder Boys cerraban UFO, Objekt y Call Super cerraban Selectors, I-F haría de rey del acid en Greenhouse como Beverly Hills 808303, Helena Hauff estaría chapando la Boiler después de la increíble liada en el invernadero y Orpheu The Wizard daría la última misa del festival en Red Light, pero creo que arriba ya he dejado claro con cuál nos quedamos. Y como ya pasaría el sábado, nada de arrepentimientos. Dos horas en las que despedirse por todo lo alto del mejor festival que hemos podido pisar y que hasta la fecha dudamos que haya uno mejor. Dos horas de viaje en las que Hunee y Antal simplemente se salieron. Bien te ponían disco, soul, funky o africaneo como ‘Janice’ de Skip Mahoney -algo que puede llegar a resultar predecible predecible del dúo-; bien te caía technazo bien ácido, bien te soltaban un ‘Pursuit’ de Green Velvet para después ponerse un Joey Negro o bien te dejaban con el culo al revés con un tema bien trancero de parón interminable y una melodía preciosa para después volver a hacerte brincar. Enorme, increíble, y más si le sumas el ‘Touch Me In The Morning’ de Marlena Shaw para cerrar. Cosas que solo pasan en Dekmantel -como aquello de trepar hacia la cabina para bailar en las alturas, que volvió a repetirse-.

    Y con ese ‘Touch Me In The Morning’ tocaba salir de Amsterdamse Bos con una sonrisa de oreja a oreja y pensando en el año que viene, porque seguro que volveremos.

    Gracias por tanto, Dekmantel.