Matthew Dear - Bunny [Ghostly International]

    • Matthew Dear - Bunny [Ghostly International]

    “A este pedazo de músico se le debe otro tipo de respeto”.

    Catorce temas contiene este ‘Bunny’ que supone ser el sexto larga duración en la ya larga y prolija carrera de este DJ y productor (*) texano llamado Matthew Dear al que también, cientos de miles de fans, reconocen como Audion y, algunos menos, como False. El caso es que ahora Dear regresa, a través de su propio sello Ghostly International, a la palestra sonora mostrando su cara más pop (pero raro y, hasta, incómodo) y todo ello -y no menos importante- bajo una producción de una calidad y limpieza solo a la altura de los más tops, como él. 

    Todo se desteta con esa bizarra nana electro-pop que es ‘Bunny’s Dream’, y en una línea también orgánica emerge ‘Echo’ -en la que no falta instrumentación amanuense, caso de bajo, batería y guitarra, ni la voz manipulada del autor, ni referencias directas a Lou Reed y su Velvet Underground. También llama la atención el electro-punk callejero de ‘Can You Rush Them’ y la fabulosa ‘Modafinil Blues’ -pop ambiental que roza la indietronica- que es el mejor corte del álbum -con permiso de ‘Electricity’ y ese buen tufo a Tom Waits que lo envuelve todo- con ese tempo a medio gas en el que una oscura sofisticación dancetera envuelve de nuevo lo que le brota de su soulera garganta. Es casi imposible no hablar de la suavamente extraña y experimental ‘Horses’ en el que desde lo vocal colaboran Tegan & Sara, al igual que en la mucho más accessible y hasta radioformulera ‘Bad Ones’. Cerramos lo mejor con la también exploradora y algo más terrena ‘Before I on’ que, incluso haciendo un guiño a los últimos ritmos urbanos- baja la persiana a un disco bizarro, notable y, como siempre, tan libre como arriesgado.  Sigue buscando Mateo, sigue.

    La próxima vez que alguien –(*) como he hecho yo en las primeras líneas de esta reseña- mal escriba que Matthew Dear es (solo) un DJ y productor os doy permiso para pegarle un tiro en un pie. A este pedazo de músico se le debe otro tipo de respeto. Y sí, el disparo franco en el dedo gordo duele, y mucho.

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