CTM Festival, un encuentro de emociones y mucha experimentación|Crónicas
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    CTM Festival, un encuentro de emociones y mucha experimentación
    Nakibembe Xylophone en la puerta de Berghain por Stefanie Kulisch / CTM Festival 2020

    Vivimos en primera persona la vigesimoprimera edición de CTM Festival y te contamos nuestras impresiones

    CTM Festival es uno de los encuentros dedicados a la música electrónica y experimental más longevos del viejo continente. Prácticamente desde sus comienzos, nada más y nada menos que en 1999, cuenta con una duración de diez días y se ha celebrado en Berlín durante la última semana del mes de enero, más concretamente entre los días 24 de enero y 2 de febrero en esta última edición.

    Como ya te hemos contado, CTM Festival es el hermano pequeño de Transmediale, un encuentro todavía más establecido, si cabe, con 33 ediciones a sus espaldas, dedicado a las artes visuales y electrónicas/digitales. Así, CTM se presenta desde sus inicios como la alternativa –totalmente complementaria- a Transmediale, enfocada al arte sonoro, que además se celebra en las mismas fechas, además de compartir parte del programa mediante diferentes colaboraciones, aunque con públicos bien distintos.

    En este sentido, el discurso musical de CTM siempre ha girado en torno a la experimentación sonora, además de una clara apuesta por la representación de los diferentes sonidos –en todas las formas y expresiones en los que uno se pueda llegar a imaginar- y movimientos del momento en cuanto a música electrónica y experimental se refiere, siempre a nivel global.

    Inferno por Stefanie Kulisch / CTM Festival 2020

    Entre esto, y los emplazamientos escogidos por el festival a lo largo de todas sus ediciones, se presenta como una oportunidad de lo más interesante para conocer las tripas de Berlín con un enfoque totalmente distinto al habitual. Este es, sin ninguna duda, el punto fuerte del festival. El Jardín Botánico de Berlín, diferentes salas de eventos y conciertos con historia en la ciudad o el propio Berghain, entre los atractivos principales en cuanto a emplazamientos se refiere. Digamos que es la ocasión perfecta de asegurarte la entrada a Berghain sin tragarte un “nein” como una casa de grande.

    Si bien se trata de un festival con una extensión de diez días, lo que puede dar pie a pensar que se trata de un festival para tomártelo con calma y disfrutar de todas las actuaciones sin prisa alguna, error. El programa es aún más extenso y, si de algo nos cansamos durante el festival, fue de correr de un sitio a otro. Al fin y al cabo, sigue siendo Berlín, y ya sabemos cómo es el ritmo de vida por allí.

    El punto positivo aquí es que muchos de los shows más interesantes estaban programados en varias, bien repartidas durante un mismo día o en días consecutivos, como el caso de los shows de Hildur Guðnadóttir, Robert Henke o Deathprod, por poner algunos ejemplos. Pero, créeme, ni aún así te libras de perderte buena parte del programa o de visitar las hasta quince emplazamientos con los que cuenta el festival. En nuestro caso, nos incorporamos a mitad del festival, desde la sexta jornada, más concretamente. Quizás el secreto era pasarse un par de días antes o pegarse todo el festival, cosa que imaginamos que pocos afortunados podrán hacer.

    Desde luego, un festival donde, a parte de unos cuantos shows, pierdes fácilmente la noción del tiempo entre su diversa y exigente programación: instalaciones artísticas, performances, exhibiciones, charlas y conciertos por el día que se combinan con más conciertos, performances y algún que otro set por la noche. Y vuelta a empezar.

    Y digo algún que otro set porque a lo largo del festival había unos cuantos sets programados, sobre todo en el marco de Berghain, pero que, contra todo pronóstico, no es que sorprendieran para bien, salvo alguna contada excepción.

    Encarrilamos hasta tres noches seguidas en Berghain y aún así, fue una tarea un tanto difícil encontrar una sesión que se adecuara tan solo un poquito a lo que el cuerpo y la mente exigía. Sesiones fáciles -y hasta me atrevo a decir que fatales y aburridas- de Cera Khin b2b Lokier y VTSS, en contraposición de directos mágicos de Andy Stott y Squarepusher, que fueron de lo mejorcito del festival.

    Por otro lado, la enorme diversidad en cuanto a sonidos y performances hacen complicada una programación que siga un hilo natural o creciente en cuanto a intensidad –como podemos llegar a estar acostumbrados- y, por tanto, poco amigable con tu mente, oídos y pies. Toda una montaña rusa de emociones y experimentación.

    Desde la colaboración entre el Coro Nacional de Georgia con Nene H, que presentaban su nuevo trabajo “Chela” hasta Gabber Modus Operandi ft Wahono y Nakibembe Xylophone Troupe –uno de los pocos grupos que siguen tocando el embaire, un mastodóntico xilófono indígena de madera-, y pasando por los directos de emptyset, el showcase de Absurd TRAX desde Hong Kong, las ocho horas de directo de 3Ddancer, trío formado por Alex the Fairy, Rachel Lyn y Volruptus, o los DJ sets de Sherelle, Gigsta, Henry Wu, Valesuchi o AYA.

    Más allá de esto, a continuación te presentamos nuestros momentos favoritos, que merecen un punto y a parte.

    CBM 8032 AV de Robert Henke

    La de Robert Henke fue una de las actuaciones más esperadas del festival desde que se confirmó su presencia para mostrar su último trabajo, CBM 8032 AV. Un nuevo directo que se presentaba como una oda a aquellas máquinas primarias, obsoletas y tan diferentes a lo que hoy en día conocemos, con un cierto toque de nostalgia y en busca de la sencillez y el minimalismo. Así, el alemán logró un sold out rotundo y con bastante antelación en las dos actuaciones que tenía programadas durante la tarde del miércoles, más o menos a mitad de la programación del festival.

    Rodeado de los cinco Commodore CBM 8032 y de una gran pantalla donde posteriormente se proyectaría la parte visual, el alemán prácticamente se encargó de recibir a todos los asistentes antes de comenzar su actuación. Se le notaba cómodo, en segunda ronda y con ello ya rodado. Nos explica sus motivaciones y rápidamente nos damos cuenta de que lo que tenemos delante es una auténtica genialidad. Un trabajo de pura ingeniería que ha realizado junto a Anna Tskhovrebov, Mark J-K y Ralf Suckow. Cinco máquinas de principios de 1980 interconectadas entre sí de tal manera que cuatro de ellas responden a una maestra, donde Henke va introduciendo una secuencia de carácteres hexadecimales que, a su vez, genera sonidos primitivos que son procesados en amplitud y fase, además de por diferentes efectos con los que el artista va jugando mientras una de las cuatro máquinas esclavas presenta un barrido de caracteres que va adoptando diversas formas a forma de visuales. Un show que fue de menos a más, que mostró una paleta de sonidos de lo más interesantes, con ciertas partes que perfectamente nos podían recordar a Aphex Twin o Boards of Canada en modo canallas. Un show sencillo y minimalista que nos dejó perplejos.

    CBM 8032 AV por Udo Siegfriedt / CTM Festival 2020

    Andy Stott en Berghain

    Quizá el show más sorprendente del festival y nada mejor que haberlo disfrutado con el sonido de Berghain. El británico se presentaba como uno de los tapados del festival en su séptima jornada y fue uno de los triunfadores, sin ninguna duda. Llegaba a presentar su último LP “It Should Be Us” con un llenazo absoluto en la main room de Berghain. Tan llenazo que no se podía encontrar un hueco ni por los pasillos que comunicaban el resto del recinto, llegando a ser bastante agobiante a menudo que se iba acercando el fin de semana, pues todas las noches en Berghain presentaron el cartel de sold out.

    Con mucho humo y un juego de luces sencillo pero efectivo Stott consiguió encandilarnos desde el primer segundo. Musicalmente muy en la línea de “It Should Be Us”, un discurso lento, constante que te hipnotizaba más y más cada minuto que pasaba. Sinceramente, el álbum me parece una maravilla, aunque he oído opiniones bastante dispares sobre el mismo. Ahora, en directo, una auténtica maravilla. Hilando ritmos lentos, alrededor de los 100 BPMs con atmósferas provenientes del cielo, por lo menos, que hicieron volar a más de uno –servidor incluido-.

    Uno de los shows más acertados del festival en cuanto a la línea musical y a la ambientación, hilando cada beat de forma perfecta, quizás punto del que carece el disco en sí. Así que ya sabéis, apuntaros en la agenda el directo del británico porque es uno de los must de este año.

    Squarepusher en Berghain

    La más de dos horas de espera en la cola de entrada a Berghain dejaban entrever que algo grande se cocía en la noche del viernes –y no, no era Klubnacht-. Junto a CBM 8032 AV de Robert Henke y Chernobyl de Hildur Guðnadóttir, la vuelta a los ruedos de Tom Jenkinson, más conocido como Squarepusher, era el máximo reclamo de esta edición de CTM Festival y que, curiosamente, presentaba su nuevo LP “Be Up A Hello” ese mismo viernes.

    En esta ocasión, con venta de entradas en puerta, y no solamente mediante anticipadas, además de Panorama y Säule en pleno funcionamiento, se consigue controlar mejor el aforo y el tránsito de gente, lo que hizo que nos olvidáramos de los agobios de las anteriores jornadas. La artista de origen valenciano y con base en Londres Astrid Gnosis fue la elegida para dejarle la pista calentinta a Squarepusher, resultando dos de las actuaciones consecutivas con más coherencia del festival, sorprendemente. Mientras preparaban el enorme despliegue de luces de Squarepusher la valenciana lió la del pulpo con un discurso hardcoreta de los que acostumbra que no dejó indiferente a nadie, llevándose una tremenda ovación.

    Dicho esto, el escenario que había montado en mitad de la pista de Berghain se hizo hasta pequeño con el arsenal de luces que había preparadas para el show de Squarepusher y que lo envolvían en lo que parecía una nave espacial con la que nos absorbería a todos durante la siguiente hora y media. Tampoco faltaron visuales.

    Una hora y media de desenfreno entre IDM, breaks y acid abrumador que te erizaban hasta los pelos de la espalda. Pero, sin duda, el que más lo estaba gozando era el propio Jenkinson, al que si no es por la bufanda de señor mayor que no se quitó en ningún momento de la noche, se le hubiera dislocado el cuello. Tremendas líneas de bajo y acid como la de “Vortrack” y “Nervelevers” se intercalaban con la locura ravera a trescientos millones de BPMs de “Speedcrank” y “Terminal Slam”. Para contárselo a tus nietos, si es que te acuerdas.

    Occulting Disk de Deathprod

    Otro de los secretos mejor guardados de esta edición de CTM ha sido la actuación del productor e ingeniero de sonido noruego Helge Sten, más conocido como Deathprod, una eminencia en la escena dark ambient.

    Con los pies molidos y una resaca del copón nos presentamos en el segundo show y última oportunidad de presenciar Occulting Disk en silent green - Betonhalle, antiguo crematorio que nos recibía con un enorme “Anti-fascism” proyectado en la entrada expresamente para la fecha.

    Con una disposición distinta a la que presenciamos en las jornadas anteriores con Chernobyl, por ejemplo. Esta vez nos esperaban sillas para sentarnos, un sound system disimulado pero atronador y la proyección de un enorme haz de luz delante del que se situaría Deathprod para ofrecer un show que despegó de la silla a más de uno.

    El noruego jugó con atmósferas intermitentes y repetitivas que iban dando paso a bombos atronadores, jugando con instantes de silencio para, de repente, absorberte en su mundo y macharte a costa de bajas frecuencias, con las que el haz de luz comenzaba a resonar, para volver a su posición natural a medida que los graves se dispersaban. Mucho humo, mucha tensión y un show espectacular, por poco estropeado por algún torpe que no conseguía comprender que los silencios eran parte importante del mismo. Una buena sacada de CTM que seguro que no tendrás la oportunidad de ver en muchos eventos y, si lo haces, eres todo un afortunado.

    Occulting Disk por Stefanie Kulisch / CTM Festival 2020