• El CaixaForum voló más alto que nunca con el Fist Piece de Pan Daijing

    El CaixaForum voló más alto que nunca con el Fist Piece de Pan Daijing

    La combinación de live performance, danza, canto y visuales en una ópera-noise llevó al público a otra dimensión

    En su día, cuando Delicalisten anunció que Pan Daijing inauguraría el ciclo DNIT en 2018, los más fieles de la vanguardia artística estallaron de júbilo. El año 2017 fue el de la consolidación de Daijing en las más altas cimas de la industria contemporánea. Afincada en Berlín y empapada por la escena de la capital alemana, la productora china lanzó al mercado Lack , un LP que vio la luz gracias al sello PAN de Bill Kouligas. Dicho álbum la colocó automáticamente en carteles de eventos del calibre del Sónar de Barcelona, el Unsound de Cracovia o el Atonal de Berlín. Ahora, en 2018, otros como el Dekmantel de Amsterdam también han confirmado su presencia.

    Basándose en Lack 惊蛰, Daijing hilvanó el espectáculo Fist Piece, sin duda su producto más reclamado por el público de todo el mundo. Barcelona volvía por fin al vestíbulo del CaixaForum para impregnarse de los sonidos más avanzados del planeta, esta vez de la mano de alguien capaz de orquestar y sincronizar música, canto, danza y proyección visual. Todo empezó con la artista a pie de pista, cantando acapella e introduciendo el primero de los dos géneros que formaban la ecuación: la ópera. Seguidamente, subió al escenario, se acercó a su set-up y dio pie a la acción. El segundo elemento, el noise, se sumaba a la fiesta.

    Tras Pan, tres imponentes paneles proyectaban imágenes que la propia artista había registrado y editado en sus distintos viajes a Canadá, Europa y su China natal. Imágenes tan reales como ella misma, imágenes cotidianas, crudas, vírgenes, incluso por momentos demasiado amargas, demasiado poco adornadas. Fist Piece no es un espectáculo para gente con prejuicios; tampoco para gente normal. Los gustos del público deben ser difusos, moldeables, readaptables al duro mensaje de realidad paralela que Pan Daijing nos lanza.

    La aparición de un segundo actor rompía la estructura base del stage. ¿Es posible bailar ópera-noise? Comprobamos que sí. Ruidos cada vez más ensordecedores se apoderaban de la sala y los dos cuerpos, fusionados, peleaban entre sí a su ritmo. Eran movimientos de brusquedad, de lucha, de fuerza, de roce, de estridencia. Eran movimientos de ruido.

    Quizá el momento más impactante llegó con el baile face to face basado en movimientos de brazos en ángulos rectos. La compenetración entre los dos bailarines casaba indiscutiblemente con esa, esta vez sí, extraña melodía algo desafinada. Profundas voces entrecortadas y de timbres distintos, provenientes de las cuerdas vocales de los dos performers, llevaban la perplejidad del oyente a un nivel superior.

    Todo, antes de que ambos terminaran yaciendo sobre el suelo ante un público que, tres cuartos de hora después, al fin respiraba aliviado. Durante ese tiempo, el silencio en la sala había sido sepulcral. Todo el mundo había permanecido casi inmóvil ante la progresión sonora envolvente y alienante de un proyecto sin igual. El viaje había sido intenso, muy intenso. Nadie salió herido, salvo todo aquel con ideas preconcebidas.