• MIRA Festival 2018 se consolida en Fabra i Coats con su mejor propuesta musical hasta la fecha

    MIRA Festival 2018 se consolida en Fabra i Coats con su mejor propuesta musical hasta la fecha
    Fotos por Oriol Reverter

    Yves Tumor, Amnesia Scanner, Atom TM, Nicolas Jaar y The Bug con Miss Red fueron los destacados en un certamen en el que prácticamente nadie defraudó

    Decíamos en nuestra previa que Barcelona contaba con tres grandes citas imperdibles al año. Tres citas que, juntas, articulaban el esqueleto principal de la escena alternativa, avanzada y más inquieta de la ciudad. Y decíamos que la última del año, o la primera de la temporada, según se mire, es el festival de arte digital MIRA, un certamen que ha celebrado ya su 8ª edición y que, en este 2018, se ha consolidado en la vertiente musical y performativa (más que en la visual) como una de las grandes referencias del panorama europeo.

    Descubriendo a The KLF

    Todo empezó la tarde del miércoles. Mientras Konx-om-Pax presentaba en primicia su trabajo audiovisual 360º en el MIRA Dome, los melómanos de Barcelona se daban cita en Nica, el nuevo microclub integrado en el Hotel Casa Bonay y equipado con uno de los sistemas de sonido mejor ecualizados de la ciudad. Allí, la artista Esmay Wagemans nos hablaría sobre su proyecto “New Humanity”, una reflexión sobre el intercambio de papeles y personalidades entre el ser humano real y el ficticio, entre el de carne y hueso y el robot. Más tarde, la productora suiza Aïsha Devi sería la protagonista de una sesión de Album Listening en la que disfrutaríamos de cada cuidado detalle de “Chill Out”, obra maestra del grupo de culto The KLF. “Chill Out”, publicado en 1990, fue uno de los primeros trabajos conceptuales de música ambient y una gran fuente de inspiración para infinidad de artistas, entre quienes se encuentra la propia Aïsha Devi. “Es mucho más que música, es mucho más que un disco. Este trabajo es la puerta que te da acceso a la iluminación. Gracias por tener la paciencia necesaria para escucharlo entero. La paciencia nos lleva a la luz”, sentenció Aïsha. Nica nos permitió aventurarnos en un primer viaje. La historia sólo acababa de empezar.

    Nicolas Jaar y Stéphanie Janaina abruman el sentimiento colectivo

    Sin palabras. Literalmente. Nunca antes el MIRA había congregado a tanta gente en Fabra i Coats (una antigua fábrica de costura situada en pleno centro de Sant Andreu, uno de los barrios con más historia de Barcelona). Eran las cinco de la tarde del jueves y el 3D Sound Room (espacio inaugurado el año pasado y formado por 38 cajas de audio repartidas uniformemente alrededor de la sala) estaba a rebosar. En el centro de la pista, un campechano Nicolas Jaar se presentaba sentado en un discreto taburete, con el laptop sobre sus piernas y el teclado a su izquierda. A su lado, la bailarina Stéphanie Janaina improvisaba hipnotizantes y enérgicos movimientos a cada tema que Jaar interpretaba. Temas, a su vez, extendidos en el tiempo. Temas que respiraban, que cobraban vida propia. Temas que rondaban los 20 minutos y cuya textura despertaba hasta al más impasible. Era el estreno del nuevo espectáculo ¡Miércoles!, que se celebrará también en otros festivales alrededor del mundo.

    Nos rodeaban sonidos ambientales, cálidas voces, ásperos atisbos de un deseo insatisfecho. Se movían de izquierda a derecha, de arriba a abajo. Fuertes respiraciones nos abrazaban en todas direcciones. Melodías progresivas iban ganando en intensidad a medida que, fuera de la sala, iba cayendo la noche, iba llegando la oscuridad. La mayoría de los presentes escuchaba, más que mirar. Los ojos estaban cerrados. Algunos incluso optaban por estirarse. Pasaban los segundos, los minutos, las horas… hasta que, cerca de las ocho, todo el mundo estaba ya de pie, bailando al ritmo del único bass que Jaar soltó en 180 minutos. Todos, bailando alrededor de Jaar. Bailando casi encima de Jaar. Aquello era una locura. Una bendita locura.

    Salir del 3D suponía un duro baño de realidad. Tocaba volver a centrarse, repasar el programa y comenzar a pasearse por la fábrica. Era complicado. Tanto como volver al bullicio de una avenida principal al salir de un masaje de balneario. La sensación de absoluta relajación era tan palpable como imprevista. Era el momento ideal para estirarse en el MIRA Dome, la cúpula inflable de proyección 360º donde Dasha Rush y Stanislav Glazov estrenarían en exclusiva “Antarctik Takt”. Nos atrevemos a decir que fue la gran decepción del festival. El mensaje fue extremadamente horizontal, tanto en lo sonoro como en lo visual. No podemos decir lo mismo del show “As Oracle” de Amnesia Scanner. El dúo finlandés sacó a relucir su mejor versión, ofreciendo una oda al sonido postindustrial más transgresor, mezclando bases de toda condición. Fue el momento más enérgico del día. Fue el momento álgido del showcase del sello de culto PAN, comisariado por la china Pan Daijing, que celebraba en MIRA su aniversario. Al bueno de GAIKA le tocó cerrar el día tras aquella explosión. Fue un papelón al que se enfrentó con serenidad. Fue un desafío del que salió reforzado, aunque el público no terminó de entregarse al británico.

    El concierto de Tangerine Dream… y todo lo demás

    Quien aquí les escribe tiene a Aïsha Devi colocada en un pedestal. Pero, en efecto, lo de Tangerine Dream trascendía a todo lo demás. Nuevamente, se recomendaba un acceso madrugador a Fabra i Coats para poder ver en el MIRA Dome la proyección “Eye Of The Dream” de David O’Reilly (sin duda, lo mejor que vimos en el Dome en todo el fin de semana), las instalaciones “Structure” de Julien Bayle (la simulación más real de un estado álgido en plena rave que uno pueda imaginar), “Licht, Mehr Licht!” de Guillaume Marmin e “Imaginary Limit” de Nick Verstand y Salvador Breed y la exposición “THE SEARCH FOR (modern) PLEASURE”, en la que se exploraban las distintas vertientes del placer del ser humano (temática principal del festival en este 2018).

    Nos dio tiempo a todo, incluso a ver a Carla dal Forno (propuesta de tono amable basada en las bases, la guitarra eléctrica y la voz), antes de que Aïsha Devi se apoderara del Main Room y lo reventara a base de basslines tan diabólicas y agitadoras como su propia voz. Escuchar a Aïsha Devi es, literalmente, quedarse en bolas. Es sentirse desprotegido, indefenso ante una personalidad superior capaz de lo peor y de lo mejor, de lo más bonito y de los más áspero, de lo más acogedor y de lo más violento. La música de Aïsha Devi es tan imprevisible como abrumadora. Ella es, en conjunto, una personalidad superior, una artista completa.

    Sin embargo, gente de altas generaciones (podemos decir incluso gente de tercera edad) no estaba en primera fila por ella. Estaba ahí, con sillas y carátulas de vinilos listas para ser autografiadas, por Tangerine Dream. Era el primer concierto de la banda en España. Era una cita que muchos habían marcado en rojo desde hace mucho tiempo en sus agendas. Thorsten Quaeschning, Hoshiko Yamane y Ulrich Schnauss hicieron lo que mejor saben: rendir homenaje al gran Edgar Froese (ya fallecido), quien en su día fundó una de las bandas más importantes en la historia de la música electrónica, pionera en el espectro ambient y en el uso de secuenciadores a finales de los 60. El concierto fue puramente ambiental. Música envolvente que abrazaba a los fans, agolpados en las primeras filas, de nuevo con ojos cerrados, escuchando atentamente y dejando que la precisión de cada sonido milimétricamente diseñado, pensado y puesto en práctica entrara por los poros de su piel.

    MIRA nos generó este año la necesidad de resetear los sistemas en varias ocasiones. Del mismo modo que sucedió tras ¡Miércoles!, después de ver a Tangerine Dream en vivo, hubo que respirar hondo, resoplar, asimilar lo vivido y retomar el itinerario. ¡Varg todavía estaba actuando en el 3D Sound Room! Sí, el amigo sueco Varg. Botella de champán en mano, claro. Como siempre. ¿Techno? ¿Trap? Hoy en día, todo converge y ya es de sobras sabido que Varg y el trap se llevan bien. DJ Stingray, en cambio, no se abre tantas fronteras. Y no será porque no le guste cambiar. Nunca nadie supo mezclar tantas pistas en tan poco tiempo. Stingray infunde respeto. Decir que tira cinco vinilos en cinco minutos no es ser osado. Ni muchísimo menos. Fue la primera gran aparición de los breaks, tan de moda este verano en los festivales más punteros (como el Atonal). Estamos ante una clara tendencia hacia el sonido break, las bases drum & bass y las revoluciones aceleradas. Stingray no fue una excepción, como tampoco quiso serlo Call Super, quien clausuró la Main Room pinchando a 138 bpm durante más de una hora. Sí, a 138 bpm. Aunque se tratara de un tema housero de Deetron. El escenario principal venía de partirse en dos con el sistema de sonido diseñado personalmente por The Bug y los sensuales movimientos hip-hoperos de Miss Red. Tras aquel combo memorable, ya todo valía. Y Call Super lo tenía claro.

    Lo industrial, para el final

    A grandes rasgos, podríamos decir que el viernes fue un día bonito. El sábado, en cambio, fue exigente. Sobre todo para el alma. Fue una jornada mucho más enfocada al sonido industrial, oscuro, más amigo del IDM, el techno ambiental y el acid. Aunque Borusiade ya nos hizo bailar techno y Ralp nos volvió a regalar un live modular de tono rave impecable, quien se adueñó del 3D Sound Room el último día fue Alessandro Adriani. El líder de Mannequin Records es posiblemente el mejor del planeta haciendo techno ambiental, un techno de bajas revoluciones, sonidos oscuros, melodías intimistas y mensaje de club. Un techno progresivo cuyo valor no se encuentra en el drop de fácil acceso, sino en la aparente constancia y horizontalidad de su performance. No se dejen engañar. Uno puede sentir que lleva escuchando lo mismo en los últimos cinco minutos, hasta que descubre que lo que está escuchando no tiene nada que ver con lo que sonaba hace segundos.

    A eso, podría llamársele “magia”, pero nos quedaríamos sin recursos para describir lo de Atom TM en el Main Room. Muchos en la pista lo repitieron sin miedo a equivocarse: “Es el mejor, tiene que venir cada año.” A nosotros no nos importaría que lo hiciera. Atom TM es un auténtico ingeniero sonoro. Sabe separar con precisión quirúrgica las distintas capas de audio de su proyección para conseguir inmiscuir a la audiencia en un trayecto solitario cargado de basslines onduladas y complementos industriales. Las zapatillas empezaron a vibrar con Atom TM y ya no dejaron de hacerlo en todo el festival.

    Y eso que el baile sí que pudo permitirse un ligero respiro. Pero sólo el baile. Sólo las zapatillas. El resto del cuerpo siguió en máxima tensión con el misterioso performer americano Yves Tumor. Estridencia es el sustantivo que mejor resume su actuación. Estridencia y distorsión. Una distorsión tan detectable en la imagen (proveniente de cámaras situadas a su alrededor) como en la música. Tumor destroza los sentidos del espectador. Le hace sentir lejos. Hace que uno se dé cuenta de cuánto camino le falta por recorrer hasta llegar a donde él ha llegado. Posee una mente privilegiada, que ha conseguido crear de la nada una propuesta musical que muchos no habrían logrado imaginar ni en sus mejores sueños… o ni en sus peores pesadillas.

    Esa voz resonará durante años en Fabra i Coats. Esa voz resonó en nuestras cabezas mientras el sonido deep mucho más concreto y puntual de Rival Consoles daba paso a la DJ encargada de poner la cerecita al pastel. Avalon Emerson no llegó tan lejos como Call Super. Se quedó en los 135 bpm, que tampoco está mal, alternando menos los géneros. Primero, house. Luego, bases más cercanas al techno, aunque siempre con potentes componentes alternativos. Finalmente, drum & bass. Mucho drum & bass. Y algún detalle jungle. Y un colofón llamado “Niji” que hará que esta excelsa edición de MIRA Digital Arts Festival esté muy presente en nuestras playlists hasta que llegue noviembre de 2019.