• Te contamos como es Berghain por dentro

    Te contamos como es Berghain por dentro
    Texto: Ruben GA

    Nuestro colaborador Rubén GA se adentró en las entrañas del ‘enigmático’ club berlinés

    El pasado 15 de noviembre volvieron a mi los deseos de pisar el suelo hormigonado de la antigua y más famosa central eléctrica de Friedrichshain, Berghain. El club que con casi una década de vida ocupa lugar en los sueños y deseos de los verdaderos amantes de la música techno de cualquier parte del mundo. Famoso también por sus provocativas 30 horas de apertura en la mayoría de los fines de semana, por las largas actuaciones de todos los invitados, y por su ambiente de placer liberado y desbocado sin tregua.

    Fue elegido como mejor club en el último ranking realizado por Resident Advisor allá por el 2008 y quedó en la 14ª posición en el ranking de Dj Mag del pasado año. No son más que cifras orientativas en un ranking en el que no comparte la mayoría de los aspectos de club o discoteca del resto de clasificados.

    Cuenta con sus propias reglas y estamentos, donde sólo unos pocos elegidos son bien recibidos. Nadie puede burlar la seguridad ni los intereses desconocidos en esa extraña política en el derecho de admisión.

    En este juego existen dos tipos de personas: las que entran y las que no. Puedes crearte tus propias deducciones sobre como debes ir para poder entrar, pero si no les gustas no pasas, sin motivos y con un simple movimiento de dedo. Si vas en grupo, o eres extranjero pierdes puntos, pero son varios los rasgos comunes que podemos identificar en gran parte de los elegidos. Gustan los nativos, gustan las barbas, las botas, el color negro, la sobriedad y el silencio que aumenta según disminuyen los metros hacia la entrada.

    La cita era Klubnacht, 32 horas de música que comenzaron a las 00.00 horas de la noche del sábado.

    En Berghain: Bleak, Skudge live, Rivet, Mono Junk, Happa, Kobosil, Fiedel, Function y Ben Klock.

    En Panorama Bar: nd_baumecker, Jimmy Edgar, Esteban Adame, Levon Vincent, Matthew Dear, Radio Slave, Circle Traps, Lo Shea, Anthony Naples y Scuba.

    Como suele ocurrir muy a menudo, los horarios no se hicieron públicos, jugando así con la intriga y la planificación de los que van buscando actuaciones en concreto.

    Salvo algunos comentarios en redes sociales por parte de alguno de los invitados, no pudimos hacer nuestro planning conforme a nuestras preferencias. A pesar de ello y haciendo caso a las recomendaciones de asiduos, la noche del sábado la dejamos pasar para descansar y madrugar el domingo. Las noches de los sábados suele haber colas inmensas llegando a las dos horas de espera. La nota negativa es que nos perdimos actuaciones como la presentación del live de los suecos Skudge o Matthew Dear y Jimmy Edgar en Panorama.
    En nuestro camino desde Warschauer Straße las calles iban perdiendo poco a poco luz, la pavimentación del suelo acababa, y las usuales hogueras en los alrededores nos marcaban la llegada.

    Cuatro gruesos muros situados en medio de una planicie con escombros y vayas de obras nunca acabadas dan un aspecto desolador. Las pocas horas de luz junto a la típica y densa capa de nubes grises alemanas completaban el escenario para hacerlo más sobrecogedor si cabía.

    A pesar de ser las 12 de la mañana seguía habiendo cola, donde esperamos una hora y veíamos desde lo lejos que un 60% de la gente era rechazada. Todos los comentarios que se podían oír en la cola eran entorno a la elección, salvo algunas banalidades del tipo 'que frío hace' para liberar tensión. Nos resultó curioso que pese al típico tópico alemán de educación y civismo, fueron varios los que sin disimulo se metían en la cola cerca del final y todos ellos resultaban elegidos poco a poco. Desde el exterior se siente el suelo vibrar y vemos varias sombras en medio de un baile desenfrenado detrás de cristales de colores de lo que aparentemente es el Panorama bar.

    Llegó nuestra hora y tras la pregunta 'Wie viele seid ihr?' que viene a ser '¿Cuántos sois?' y una rápida mirada de arriba a abajo, pasamos la frontera entre lo terrenal y lo celestial, celestial entendido como un paraíso en un infierno o viceversa.

    Nos dirigimos a la habitación de la izquierda donde te realizan el extensivo cacheo y te piden identificación. La nueva moda desde la última vez que pisé este sitio es poner pegatinas en las cámaras tanto frontal como delantera, para evitar selfies indeseados y que las celdas y cuartos oscuros continúen su ritmo impasible de actividad. Tu pasaporte de 15 euros para el viaje de hasta 30 horas viene dado en forma de sello, el cual a veces ocupa gran parte del antebrazo. Entrar y salir está permitido, y para volver a entrar tendremos nuestra cola paralela donde ya no seremos sometidos de nuevo a la elección. Seguimos adelante y nos encontramos el hall 'de Ostgut Ton', también llamado ropero. Lleno de enmarcaciones de las portadas de los álbumes y singles de dicho sello, el hall de fama de Steffi, Marcel Fengler, Len Faki, Tobias, Normal Nodge, Boris, Dettman, Ben Klock y muchos otros...

    Continuamos el camino y nos encontramos en la zona baja que comparte el mismo aire húmedo y cargado de la sala principal, Berghain. Encontramos una estatua blanca como la nieve en alto contraste con las negras y sucias paredes de hormigón. Aquí se encuentra la mejor zona de descanso, donde la oscuridad evita ver lo que esta haciendo quien se encuentra a tu lado. Simples reflejos de botellas semivacías y pitillos en medio de la nada son testigos del ir y venir de hombres en cuero, armarios con falda, barbas de meses, con arneses... o sin nada, tras la mirada atenta y estupefacta, de turistas poco acostumbrados a semejante libertinaje. Nosotros a lo nuestro, subimos las escaleras con los mismos nervios de siempre que entras a una sala y el bass va subiendo nivel poco a poco hasta sentir tus propios latidos de corazón o tus cuerdas vocales vibrar. Ya estamos en Berghain.

    En ningún momento pudimos afirmar visualmente que quien pinchase fuese el correspondiente a los horarios que vimos abajo, lo único que nos hacía intuir el cambio, bastante puntual por cierto, eran los aplausos y gritos que separaban cada actuación porque la cabina situada en la parte más posterior de la sala no es visible mas que para las 3 filas mas cercanas. Somos educados y respetamos esa peleada posición para bailar a los feligreses habituales.

    Kobosil, este joven berlinés del barrio de Neukölln y con tan sólo 22 años ha pinchado ya muchas veces en Berghain desde que le fuese echado el lazo por la factoría Ostgut Ton a principios de 2013. Posteriormente ha llegado a publicar en el sello MDR del propio Marcel Dettman, lo que finalmente ha determinado que tiene las cualidades perfectas para desarrollar largas horas de techno sintético y contundente bajo los muros del Berghain. Sus sets marcan una raíz profundamente clásica en origen pero con una renovación y un empuje del sonido más allá de sus límites.

    La calidad del sonido Funktion One hizo que escuchar temas como In-D Bastion In-D Stress se convirtiese en una asimilación sonora completamente nueva a otras ocasiones, de verdad, el sonido es brutal en esta sala. Queríamos ver que se cocía en Panorama Bar, pero incluso las escaleras de acceso y la zona de sofás/baños de arriba estaba abarrotada, era imposible entrar, una situación que se mantuvo el resto de la tarde, noche y madrugada...

    Sin elección pero igualmente satisfechos fuimos a escuchar a Fiedel. Un residente poco conocido pero que posee esas cualidades indescriptibles para poner Berghain patas abajo. Es la media parte del proyecto conocido como MMM (Fiedel + Errorsmith) con tracks bastante conocidos como 'Nous sommes MMM' o 'Jack 7'. Mientras que en MMM se encaran más al disco o funk, Fiedel es conocido por su contundencia, su techno agresivo y alto en bpms. A pesar de ello, y como todo residente, debe saber amoldarse a las necesidades. La historia de la música y la sensación del momento le sirven para construir algo diferente según las circunstancias, pero el techno oscuro es su recta de hoy en día. Su trascendencia en el país germano crece desde que ya en el año 2000 se hiciese residente de Ostgut (predecesor del actual Berghain), desde entonces su perfil no ha sido exportado en muchas ocasiones, pero la razón no es falta de potencial. Por sus platos pudimos oír desde la primera referencia del sello Krill Music, 'Ankland' de Jonas Kopp, hasta la contundencia de Blueprint con OVR - Interior.

    Parece que no ha pasado tiempo, miramos nuestro reloj y llevamos dentro más de 8 horas, no somos conscientes de si al salir habrá sol o luna, la mejor opción, descansar en la tercera y última planta, con sofás muy cómodos, un diseño muy peculiar y una estructura laberíntica por donde aparecen salones y pasillos con cubículos acondicionados y abiertos para las prácticas mas impúdicas que os podáis imaginar.

    Bajamos a los baños, la cola es inmensa y vemos que no hay espejos en ninguna parte ¿no nos dejan vernos? Parece ser que alguien de arriba se preocupa por nosotros y evita el susto correspondiente al vernos tras estar infinidad de horas bailando. Nos pedimos una cerveza al módico precio de 3 euros y volvemos a bailar.

    Dave Summer aka Function es otro que se conoce el ruedo a la perfección. Héroe de héroes del techno underground. Últimamente acostumbramos a verle más a menudo en solitario que en su colectivo Sandwell District, era esta una ocasión perfecta. La línea fue exactamente la misma que mantuvo Fiedel y que mantendrá Ben Klock posteriormente, un desternillante ritmo que no desemboca nunca. Nos dimos cuenta que Function mantuvo su tracklist muy actualizado, con temas y producciones bastante actuales donde pudimos oír lo último de Ed Davenport 'Head Channel' o 'Pentagons' de Rrose. El efecto de la reverberación del rápido bass nos hacía perder el paso por momentos, algo que la tribu clubber alemana no parece fallar. Nos dimos cuenta de que allí la gente baila realmente como en esos vídeos de raves de principios del siglo XXI, a pesar de ello nadie se choca con nadie, y resulta paradójico, recibí menos empujones y pisotones que nunca.

    Por simple curiosidad miro el reloj de nuevo, y de lo que me doy cuenta es de que llevamos dos horas sin hablar entre nosotros, únicamente bailando. Esta es otra de las señas de identidad de Berghain, disfrutas tanto que te olvidas por completo de todo salvo de la música. Entendemos la música como el pilar de la existencia de este lugar, aunque por momentos llegué a dudarlo vista la cantidad de gente que entra para adentrarse en las profundidad del desenfreno humano y cumplir sus fantasías más extremas de sábado a lunes, aparentemente sin importarles la música tanto como a mi.

    Llegó la hora de Ben Klock, y ante un recibimiento mucho más enérgico que los anteriores y con un intro de bass constante y taladrador comenzó la homilía. Cuentan las leyendas que Ben Klock ostenta el récord en 16 horas sin parar de pinchar en Berghain, en esta ocasión fueron algunas menos. El único contraste el característico techno seco y oscuro de Ben fue cuando escuchamos 'Nuthin Wrong' de Tyree. El concepto de cierre en Alemania es bastante diferente al nuestro, mientras que aquí hay una hora legal de cierre, en Alemania se ajusta a la demanda del público: un garito cierra cuando hay poca gente, y dada la metódica simbiosis público-dj que se genera siempre en este club, los cierres pasan muchas veces al amanecer del lunes.

    Son las 3 de la mañana, Ben Klock sigue impasible su ritmo y muy a nuestro pesar nos toca abandonar el lugar, llevamos 14 horas dentro pero no queremos salir. La realidad y un avión a las 7am nos esperaba al otro lado de los muros de hormigón.

    Me siento afortunado de poder vivir el significado de esta experiencia, pero poniéndome en el lugar opuesto la opinión sería completamente diferente.

    Los elegidos lo recordarán de por vida, los rechazados lo odiarán también de por vida.